Los enfrentamientos (Ginna - Capítulo 8)

"Esta noche puedo escribir los textos más tristes, los más profundos surgidos del intenso dolor, de mi asfixiante ansiedad. Hundido, conduciendo a vertiginosa velocidad a modo suicida pues no veo la carretera, mi mente permanece casi en blanco, los ojos empapados en lagrimas de rabia, dolor, profunda tristeza y recuerdos, mientras duras frases golpean mi mente a modo de llamada. Volvía a sentir una vez más la necesidad de plasmar en papel esas palabras que torturándome, surgían, rasgando mi interior desde lo más profundo de mi ser. Sentía esa necesidad de escribir para no olvidar el dolor, la necesidad de aprender de ese dolor.

Los nervios de la situación y la dosis extra de la asquerosa nicotina, se habían encargado de retorcer cruelmente mi estomago, dejando que emanase la bilis que recorría mi sistema digestivo, provocando un constante amargo sabor en mi boca. Los hombros pesados, cada vez más caídos, hacían que mi figura no se pareciese en nada a la que había salido de ese restaurante oriental, de forma precipitada y altiva meses antes.

Dicen que todos llevamos una mochila en la espalda donde cargamos las malas sensaciones, las malas experiencias de la vida. Mi mochila, hacia ya muchos días que ni la sentía, se había vuelto a cargar de repente de una forma tan pesada que no me permitía caminar consciente. Mis piernas flaqueaban moviendo sin fuerza mis pesados pies, dejándolos caer en el acelerador con más presión, como un muerto en vida mientras en el exterior se quemaba rápidamente el tiempo. Había dejado de vivir, de sentir y solo seguía el curso de mi destino."

...sin apenas fuerza para luchar, resistía revolviéndome en mi interior. Una larga y agonizante lucha que había empezado hacía ya 4 días, reclamaba a gritos su final, incierto hasta ese momento. Pero la balanza parecía haberse decantado. No podía seguir, todo estaba poniéndose en mi contra. Siempre suceden cosas de este tipo cuando te encuentras en tu peor estado de ánimo, cuando eres más vulnerable, los combates más duros, siempre llegan en el peor momento. Me repetía a mi mismo.
¿son duras pruebas de los crueles dioses?
¿siempre rozando el limite es mi forma de vida?
Desisto.

No se puede luchar toda la vida contra un poderoso enemigo, no sin un escudo como el suyo (el orgullo) poder luchar contra el de otro y tener posibilidades de vencerlo, significa tener que perder el tuyo con el riesgo que eso comporta. Si utilizas también el tuyo, la perdida del combate por las dos partes, está asegurada. Sin él es casi un suicidio. Porque esa lucha ya la has vivido y lo sabes, recuerdas los finales y cada vez sientes que te queda menos fuerza para seguir luchando.

Necesito ayuda. Miro a mi alrededor sin apartar la vista de mi enemigo y no la encuentro. Necesito ayuda, su ayuda urgente.
¿ Donde diablos se ha metido Ginna?

Desaparece y aparece como una pantera en la profundidad de la selva. Justo ahora, en el peor momento, me ha abandonado. Terminaré visitando a los dioses esta noche, desde ahí escribiré los cuentos más tristes. Miles de voces susurrando desde el interior del bosque tratan de hechizarme... “abandona.... Te espera algo mejor...” intentan confundirme tanto que no llego a saber si surgen de mi interior o de mi miedo. Pero abandonar es morir. Solo sé que no puedo, lo he intentado una y otra vez inútilmente. Con cada esfuerzo mis heridas se abren más y más. La impotencia salta en forma de lagrimas bailando con un agonizante grito. Un grito de muerte al sentir que mi espada ha caído, aun manteniéndola sujeta. No la puedo levantar, mi brazo no responde a mis ordenes y sin apenas sentirla, tampoco se puede desprender de ella.
¿Realmente he quemado todos mis recursos?

Mi mente cree que no, pero una profunda herida en el pecho me hace reaccionar. Me indica que no me quedan más posibilidades, todo se vuelve lento, no oigo, casi no veo y apenas siento dolor. Pausadamente retiro mi mano del pecho sintiendo como la cota de malla esta perforada, al hacerlo, un profundo pinchazo desde mi interior, me hace caer de rodillas al suelo, una vez más. Esta si que ha sido la determinante, no me ayuda en nada, demasiado profunda. No me he protegido y ha entrado hasta el fondo.

Demasiado tiempo con el mismo combate. Sin vencer. Sin perder. Cada vez más tocado, más herido, más cansado. Sólo luchando y ahora luchando, otra vez solo. El riesgo era grande, lo sabía desde que sujeté ese plano, que compre por unas cuantas monedas, en mis manos. Aun así confiaba en ella. Creía en Ginna, aun no sé porque extraña razón, pero creía.

Con ella a mi lado estaba seguro que derrotaríamos a cualquier enemigo. Espada con espada. Espalda con espalda. Pero ha vuelto a desaparecer y el enemigo se crece cada vez más al ver que ella no esta.

Necesitaba su apoyo, sentir que luchaba a mi lado me daba más fuerzas para luchar. Ahora ya no le veo. No lo siento. Creía en ella. Trato de justificarle, como siempre. Quizás vio al enemigo demasiado fuerte y se asustó. Debía haber confiado en mis posibilidades, pero no le culpo. Simplemente me resigno, ha llegado mi final. Lo puedo oler. Lo siento en cada poro de mi piel.

Él se acerca lentamente, sonriendo de una forma odiosamente sarcástica. Levanta su cruel escudo a modo de victoria y me golpea con él en la cabeza. Un zumbido ensordecedor me señala que aun estoy consciente. Después de soltar una carcajada, eleva su enorme y pesada espada. Solo debe dejarla caer y habrá llegado mi fin. Un final rápido espero, pero sino lo hace se convertirá en uno lento, agonizante, más doloroso. Cuanto antes acabemos mejor, pienso. Solo queda el golpe de gracia y aunque, no me hace ninguna gracia, me resigno pues no quiero morir desangrado lentamente mientras intento arrastrarme mortalmente herido, tratando de llegar a algún cercano poblado.

Prefiero la digna muerte de un guerrero. En el campo de batalla, de un certero golpe. Es mi final y esta vez lo acepto. Aunque me cuesta. Nunca he sabido aceptar una derrota. He jugado siempre para ganar, he luchado siempre para vencer. Justamente eso, hace que en un alocado y ridículo intento, dadas las circunstancias, por salvar mi vida, por calmar el desconocido dolor de la muerte, piense nuevamente en ella. Porque al cerrar los ojos creo sentirla.

Noto su presencia, una vez más, pero no puedo asegurarlo. Puede que solo sean sensaciones a causa del agotamiento, como consecuencia del dolor, puedo estar completamente equivocado pero aun así confío en mi instinto. Confío en ella. Vuelvo a creer en ella y levanto mi espada con fuerza, con el único aliento que me queda, si he de morir será luchando. Sorprendentemente ,él da tres grandes pasos hacia atrás, con un sencillo movimiento para esquivar mi golpe. Podía haberme eliminado, habría sido tan fácil como dejar caer su mano, pero cruelmente se recrea con la victoria. Y justo entonces al dar el tercer paso, soltó un grito seco que le transformó esa repugnante sonrisa, mientras desde mi posición, veía como de su garganta salían lentamente borbotones de espesa sangre, acompañados de un palmo de afilada y fina hoja de acero.

Al caer a plomo al suelo le vi a ella, justo detrás de él. Ginna le había dado el golpe certero que le atravesó, desgarrando desde la espalda al cuello, de abajo a arriba. Ese golpe, solo un golpe, el mismo que me quedaba a mi para rendir cuentas ante mis dioses.

Sonriendo me derrumbo como un castillo de naipes contra el frío y húmedo barro, aun sin fuerza puedo soltar una leve carcajada, después de escupir la sangre almacenada en mi boca.

Ella me ayuda a levantar y me acompaña hacia uno de los caballos. Con la preocupación en su mirada, me explica que curará mis heridas, que me pondré bien, que con su ayuda salvaremos cualquier situación, que juntos lo conseguiremos... y una vez más le creo. La maldita esperanza es lo último que se pierde. Cada vez estamos más cerca, cada vez nos sentimos más unidos.

Ahora le necesito más que nunca o no saldré de esta, pero el sentir que está ahí me hace confiar en mi destino. Solo quedarán cicatrices que nos recordarán, con una sonrisa, la infernal lucha a los dos. Cicatrices que permitirán explicar a nuestros hijos, a modo de cuento, los duros combates que se tienen que librar cuando se espera conseguir el mejor de los tesoros.

Cada vez estamos más cerca, me susurra ella, sonriendo con miedo y preocupación en su mirada. Un poco más y el gran tesoro será nuestro. Le creo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario