"Necesitas un punto inicial y uno final. Tu punto de partida, en cada momento de tu vida, será ese primero y tu sueño debería ser el último, tu objetivo.
Hay muy pocos sueños que no se desvanecen y por los que merece la pena luchar hasta el final. No dejes que nadie intente guiarte y simplemente obedece a tu corazón. Ese será Tu mejor mapa."
LeGNa
Vuelvo a encender una vela antes de ponerme a escribir, algo que empieza a ser ya rutinario y sin embargo necesarío para mi. Una dulce fragancia a fresas me hace recordar a los momentos en los que yo las recogía. En muchos lugares y según sus creencias, encender una vela es una forma de recordar a la gente que nos deja en nuestro camino. Hoy la enciendo por la gente que decidió un día apartarse del mio y su llama me recuerda a la que se fué apagnado lentamente.
Acostumbrado a la soledad, regreso de nuevo a mi mundo. Me escondo en él, pues ahí me siento como en casa, protegido. Un mundo donde todo vuelve a funcionar más o menos como deseo. Creen que todos somos iguales pero existen, dentro de nosotros en nuestras mentes, mundos paralelos que nos diferencian. Cada uno tiene el suyo y el mio es un sitio donde retorcidas pesadillas se vuelven reales y se sienten cobijadas por la demencia del entorno sin llamar la atención. Un mundo donde los valores morales son distintos a los de aqui. Un cuerdo en un mundo de locos o un loco en un mundo de cuerdos. Ya no lo sé.
Oculto entre las sombras te llamaré. Pronunciaré tu nombre entre susurros y dejaré que la brisa sea la
portadora de mi llamada. Respira, de nuevo te abriré las puertas. Aprieta tus ojos con fuerza, estas invitada. Cruza la fina barrera que nos separa. Inténtalo una vez más. Ese mundo es muy posible que no sea para ti, pero despertaré todos tus sentidos, uno a uno hasta llegar a tus sentimientos para que consigas entrar en él. Una vez dentro no toques nada, dejalo como está, para mi es perfecto asi.
“Tomo la dirección marcada por el mapa, dejándome guiar por mi marcado destino. Mientras camino, vuelvo a repasar mentalmente todo lo ocurrido. He dirigido tropas, la estrategia me hizo ganar muchas batallas. Siempre me creía más listo que los demás. Esta vez las piezas parece que no se han movido como esperaba y eso me extraña pues suelo contemplar todas las posibles opciones. Ahora en la soledad pienso y analizo. Algo ha fallado y me sorprende. Creía que ponía la tentación suficiente a su alcance, pero Ginna no ha actuado como esperaba. Pensaba que era una guerrera tan codiciosa como yo, con tantas ganas de disfrutar de esta vida, como las que me hacen a mi vivir. Creía que deseaba conseguir nuevos retos, mostraba siempre interés por probarse a si misma, confiar plenamente en una sola persona, de luchar por un objetivo en común, de satisfacer inquietudes, de codiciar sabiduría... pero me equivoqué. Pensaba que era demasiado parecida a mi y por lo visto no es así.
Otra vez solo. Como un tigre en medio de la espesa jungla. Un guerrero solitario en busca del gran tesoro, vagando sin un rumbo fijo, entregado nuevamente a un incierto destino. En busca de nuevas aventuras, nuevas batallas. La lucha constante me mantiene alerta, me hace sentir vivo. Al igual que el miedo o el amor, aunque he perdido de vista a esos dos.
“Caminaba a lo lejos, seguía sus pasos, sus huellas, desde la clandestinidad, sin perder a su presa. Ya lo había hecho antes por distintos motivos, absurda venganza, pero esta vez no era así. Aun no era el momento de aparecer, debía asegurar primero el terreno. Buscar el momento preciso.
Su presa no era cualquiera y temía sus reacciones. Podía convertirse en una situación muy peligrosa. Pero algo, le impedía dejar escapar esa presa y aun no sabía exactamente que era. Conocía e intuía sus movimientos casi a la perfección. Sabía cuando dormía, cuando comía, cuando visitaba algún poblado y trataba de ocultarse entre el gentío. Para no perder su pista, interesadamente dejaba pequeñas huellas de su paso, deseaba que el objetivo se sintiese perseguido, que supiese que seguía ahí, al acecho. Le mantenía alerta para de esta forma evitar que se asustase y cometiese errores. Buscaba el disfrute de una caza inteligente, esperando con sigilo el momento oportuno para actuar. Necesitaba que estuviese alerta, no quería sorpresas desagradables.
Existen oportunidades en la vida que pasan sólo una vez, quizás creas que no es tu momento y no siempre tienes la posibilidad de aprovecharlas. Quien no arriesga no gana y al arriesgar, muchas veces, te das cuenta que acertaste completamente con el momento. Rara vez ocurre lo contrario, pues cuando no es realmente el momento, algo impide que arriesgues y es otro el que la termina aprovechando. Otras veces esas te pasan por al lado y no eres capaz de aprovecharlas, es entonces cuando la persigues. Dependiendo del interés que te despierte, sigues y sigues hasta darle caza.
Después de pocos días, tuvo de nuevo una oportunidad. Esta vez la quiso aprovechar, pues era la más clara de las que se había encontrado hasta ahora. Se acercó sigilosamente, como una pantera negra, un gran felino oculto entre las sombras del espeso bosque. Y ahí la tenía, su presa bañándose en el río. La calmada y transparente agua del arrollo le cubría hasta la cintura. Podía ver su reflejo. Medio agachado y curvando su amplia espalda, se frotaba enérgicamente la cara, tensando los músculos de sus brazos.
Sintió su presencia y al levantar la mirada, la vió. Se quedó inmóvil durante unos segundos. Tenso, apunto de saltar y abalanzarse sobre ella. Pero algo le tranquilizaba. Sujetaba el plano en sus manos, nerviosa pero sin mostrarse alterada. Segura de sí misma, no apartaba los ojos de su atenta mirada. El salvaje empezó a moverse, avanzando en su dirección, saliendo lentamente del agua que se abría a su paso, mientras Ginna golpeaba con el mapa enrollado la palma de su mano. Suaves golpes. Rítmicos, hasta tenerle a un par de pasos. Fue entonces cuando se detuvo en seco. Ella esperaba la reacción del guerrero.
Con el ceño fruncido, el salvaje no le quitaba los ojos de encima. Por su cabeza pasaban todos esos recuerdos negativos, la larga espera en la que terminó sintiéndose rechazado por Ginna al no acudir a su encuentro, la trampa... pero todo volvía a cambiar con el nuevo gesto de la chica. Él la había presentido en todo momento, había sentido que ella estaba detrás de aquellas pequeñas huellas que había encontrado a lo largo del camino hasta ese momento. Marcas que, dejadas a propósito, le delataban a ella , para que el bárbaro sintiese que seguía pendiente de él, aunque tan evidentes que le habían confundido. Pero ahora no sabía exactamente que intenciones tenía Ginna.
La miró de arriba a abajo, clavó de nuevo su vista en los ojos de esa fiera guerrera y a pesar de sentir, por una parte rabia por lo ocurrido, también sentía algo inusual: Un hormigueo en la boca del estomago.
Esa chica era la mujer más especial que había conocido, podría perdonarle casi cualquier cosa. En lugar de enfadarse, simplemente le sonrio y lo hizo para ver que sucedía. Estaba completamente loco por ella, pero la situación era lo suficientemente tensa como para no dar los saltos de alegría, que le suponía el ver de nuevo a Ginna.
Así, una vez más se encontraban los dos, cara a cara y sin saber por qué, volvía a pasar. Una tensa situación entre dos fieras dominantes. Como ya había ocurrido en otras ocasiones, cualquier intento de dominación del uno al otro podía convertir ese encuentro en una sangrienta carnicería. Pese al supuesto deseo, por las dos partes, de volver a explotar con pasión, debían mantener la prudencia y seguir paso a paso ,el protocolo de acercamiento de las bestias en libertad.
Ella le devolvió la sonrisa y lentamente dió un pequeño paso hacia adelante. Él reaccionó rápido. Le frenó con una mano y se agacho, retirando de su pie un fino lazo camuflado entre el follaje del bosque. Casi olvida quitar la pequeña trampa, embobado por los encantos de la amazona. Ella sonrió esta vez más, pensando por un momento, en lo que habría pasado si se le hubiese ocurrido robar con sigilo ese mapa. Habría caído en esa trampa. Le hubiese dejado colgando cabeza abajo. Y aun asi pensó, que habría sido fácil escapar de esa pequeña trampa, pero le habría dado un valioso tiempo al guerrero para reaccionar. Posiblemente lo habría perdido todo.
Él bárbaro, se alegro de la legalidad que le acababa de demostrar Ginna, un punto más para ganar su recien perdida confianza. Sin mediar palabra, se fundieron los dos en un intenso abrazo, seguido por las sensaciones que producian sus caricias, alborotando lentamente su deseo, hasta dejar explotar toda la pasión que guardan dentro. Justo en ese momento fue cuando ambos descargaron su enfado, su rabia canalizada en forma de pasión. Tenían tanta rabia acumulada, pero el deseo era aun mayor.
El deseo de volver a caminar juntos, de estar el uno al lado del otro, de sentir su esencia, de oler su piel desnuda, de saborear sus labios, su cuello, el néctar que su cuerpo le ofrecía. Un salvaje y primitivo deseo de penetrarla con todas sus fuerzas, sentirse dentro de ella, hasta alcanzar su corazón y poder despertar así todos sus sentimientos. Era el deseo más puro, más noble, más sincero, el de valorarle y no quererle perder, el deseo de tenerle, el de complacerle y amarle. La entrega total.
Su cuerpo olía mejor que nunca. Sus carnosos labios sabían a la fruta más dulce, la fruta prohibida. Le
agarró fuertemente, con rabia y a la vez ponía toda la ternura posible, mientras Ginna aumentaba la velocidad de su respiración, se dejaba atrapar por él, le ofrecía su cuerpo con sensuales movimientos. Hacía tiempo que anhelaba la pasión que él le transmitía. Durante todos los días de soledad lo imaginó una y otra vez, soñando despierta. El bárbaro nuevamente volvía a estar encima de ella, volvía a dominarle, algo que la chica después de unos minutos, de juguetón forcejeo, permitía. Le encantaba sentir su fuerza, sus mordiscos camuflados entre los besos, sus enérgicas y rítmicas embestidas. Deseaba volver a sentir el animal que ese guerrero llevaba dentro para así dar rienda suelta al suyo.
Revolcándose sobre el fino manto de hierba saciaron su rabia, su deseo, su necesidad de sentir y perdonaron su enfado. En el campo de batalla eran el complemento perfecto el uno del otro, luchando juntos parecían invencibles. En la cama parecían uno solo, encajaban a la perfección, estaban hechos el uno para el otro. Totalmente com-pe-ne-tra-dos.
Ginna quería volver a la búsqueda del tesoro. Le trataba de convencer, diciendo que ella le podría ayudar, aunque debería tener paciencia hasta que estuviese totalmente preparada. El bárbaro solo deseaba que fuese ella esa persona que le ayudase, deseaba que fuese de una vez por todas su Dama Blanca y aunque necesitaba un compromiso, por parte de Ginna, que le diese seguridad, sabía que aun
no era el momento de pedirlo. Creía que más tarde o más temprano saldría de ella, posiblemente cuando el tesoro estuviese cada vez más cerca. Sólo debía esperar y sentía que tenía todo el tiempo del mundo para ella.

com.pe.ne.tra.dos!
ResponderEliminarNunca imaginé q un relato me pudiera hacer sentir tanto...
ResponderEliminarUn beso, querido guerrero.