"Permanezco tumbado. Hoy es uno de esos días en los que no me levantaría. Después de los primeros días de ansiosa incertidumbre, todo ha pasado y ahora siento tranquilidad en mi interior, muy relajado, incluso demasiado, tal como dicen "después de la tormenta, siempre llega la calma".
Prendo una vela, cojo un cigarro de ese paquete medio lleno, lo coloco en mi boca mientras busco un mechero por mi desordenada mesa y pienso en las malditas similitudes, en lo desordenada que tengo la vida. Lo enciendo. Una calada intensa llena mi boca de humo. Empiezo a encontrar, en ese hecho tambien, demasiada similitud con mis ilusiones. Todas se esfuman. Siempre el mismo ritual. Enciendo el cigarro, quemando algo más que papel y tabaco. Quemando mi tiempo, mi vida e incluso mi salud. Seis segundos de pausa entre calada y calada, poniendo en orden mis ideas, hasta apagarlo en el apestoso cenicero, rodeado de muerte y repleto de colillas. De nuevo retorcidos pensamientos golpean mi mente y guían mi mano.
No quería escribir este final, traté de evitarlo siempre que pude, casi siempre por el temor de asumir que el final había llegado, que era cierto, por temer perder esa esperanza que me ataba a ella, lo pensé varias veces, lo cambié y sin embargo sabía que debía hacerlo. Mi mente me lo pedía, mi corazón lo necesitaba.
Esta vez ha llegado y merece ser escrito, pues lo que empieza como un cuento, debe terminar como tal. Sincero, sin tratar de ocultar la realidad, la habilidad en la transparencia de mis palabras, mezclada con la fuerza de la humildad, me permiten volver a apoyar mis manos sobre el teclado y evadirme en estos mundos, sin miedo a la critica, pues ellas me importan bien poco, sólo es necesario y esta escrito para mi.
Los finales felices deberían quedar para los cuentos infantiles y esto no llega ni a cuento, solo es un relato para mayores de edad, pues de otra forma no lo entenderían. Aunque a veces no lo entiendo ni yo. No entiendo esta vida. No entiendo que sirva para otra cosa que no sea para disfrutarla y formas para disfrutarla conozco muchas, todo depende de la intensidad con la que se viven esos momentos. Hoy la disfrutaré así, retorciéndome entre los recuerdos más amargos, los más tristes y dolorosos.
Lo malo de las fotos de las relaciones, es que sólo se suelen tomar los mejores momentos, nadie hace fotos de las discusiones de pareja, de las peleas, no se fotografían los gritos, las caras tristes y mucho menos las dolorosas lágrimas. No se hacen de los momentos de soledad, cuando te quedas plantado, esperando recibir una respuesta positiva, que no llega en el tiempo deseado. Ni se plasma el vergonzoso momento en el que cedes y tu compañera saca todo su arsenal de orgullo, hundiendo tu esperanza y tu voluntad en la miseria. No se fotografía ese momento, en el que te sientes completamente ridículo. Vencido.
Lo malo de guardar fotos, es volverlas a mirar cuando todo se ha terminado y al mirarlas, ver como vuelven esos recuerdos de los buenos tiempos, esos que uno puede llegar a echar tanto de menos. Viendo fotos, mientras las lagrimas empañan mis ojos, recordé los últimos momentos en unas fantásticas habitaciones de una especie de motel donde la pasión desbordo las palabras. Donde a pesar de todo, volví a creer ciegamente en ella y donde, una vez más, me equivoqué.
A veces, tiendo a creer que lo que llegué a vivir no fue real, que solo fue un sueño más dentro de mi imaginación, pues yo interpretaba las cosa como quería, como lo había deseado tanto tiempo y no como ocurrían en la realidad. Tal vez, no llegó a haber esa pasión, quizás no hubo ese cariño, ese amor, pues cada cosa que me dio motivos para que se terminase antes, la eliminaba de mi cabeza por seguir queriendo creer en ella. Obsesión, dulce como mi perfume. Y todas esas cosas si eran reales, si pasaban, tuve muchos motivos para frenarlo, pero incomprensiblemente para mi nunca fueron suficientes.
No llego a comprender si la obsesión fue ella realmente o el querer cumplir mi sueño. Encontrar a la mujer de mi vida. Luchar por ella a toda costa. Aunque ahora, eso último suponía terminar perdiéndome a mi mismo. Había arriesgado mucho, me dejé la piel, creí a ciegas como me hubiese gustado que creyeran en mi. Quizás, sólo fue el producto de lo que yo quería sentir. Pero una vez más la echo de menos, no sé si será la luna la culpable de este nuevo bajón. No puedo alzar mi cabeza y mirarla sin acordarme de ella.
Un nuevo día trae un día diferente. Eso espero al acostarme. Vienen a mi, imágenes que intento esquivar una y otra vez, atormentándome. Debería sonreír, sumergido en este mar de lagrimas, para salir a flote, debería pensar en mi presente, mi futuro y dejar a un lado el pasado, pues ya no lo puedo cambiar y lo mejor es que el caprichoso destino, había decidido que era necesario que todo ocurriese así. Todo tenía su motivo, aunque al principio me costase entenderlo.
Enciendo otro cigarro. Mis ideas mucho más ordenadas, mi conciencia tranquila y la fuente de inspiración mi dolor. Cierro los ojos. Me sumerjo en mi mundo, un frío mundo donde ahora no hay color porque tu te lo has quedado. Me encierro en esa fabrica de sueños deseando sentirme diferente al despertar. Deseando que ese color vuelva pronto..."
Despierto. El día sigue gris, tan nublado y espeso como mi futuro. Mi cuerpo aun dolorido pero prácticamente recuperado. Ayer volví a estar en esa asquerosa taberna que tantos recuerdos me trae. Y como no, recordé.
Ese jinete se sentó en mi mesa sin ser invitado. Hizo crujir la podrida madera de la silla, al dejar caer su peso. Le miro con desconfianza pero al acercarme una nueva jarra repleta de vino asiento con la cabeza, aceptando su invitación y su compañía. A simple vista se notaba que él desconocido estaba también hundido. Empezamos a hablar como si todo fuese exageradamente bien, tratando de mostrar la seguridad en nosotros mismos que queremos tener, pero poco a poco la conversación se hizo más profunda, mucho más real y sincera.
Una vez más, al hablar de recuerdos lo hago con la amarga sensación de tener una daga en la garganta, cortandome lentamente hasta llegar a provocarme la asfixia. Vuelvo a recordar y describirle de una forma contagiosa y con exactitud esa PRIMERA VEZ, con un extraño brillo en los enamorados ojos, recordando cuando ella despertó mi pasión, como algo tan INCREIBLE que es imposible reaccionar de otra manera que lentamente empañando mis ojos de impotencia.
Anhelo con todas mis fuerzas esa sensación y a la vez la odio profundamente, pues temo que no lo vuelva a sentir. Poco a poco mis palabras fueron creciendo, describiendo todas las sensaciones que llevaron a eso, recordando las veces que he tenido esas mismas sensaciones con ella, casi todas, repasando la ultima tan intensa de la Bransa, un antiguo burdel de los sótanos del castillo reconvertido en habitaciones de alquiler por noche, para huéspedes ansiosos de sensaciones lujuriosas.
Recuerdo esa vez, donde la sala blanca me recordó quien creía que era. "Mi Dama Blanca". Recuerdo como antes de los juegos llego la sinceridad, entrelazada con el cariño, donde las palabras se clavaban a modo de flechas perforando mi pecho entre suaves caricias, susurros mezclados con sus suaves y carnosos labios pegados a los míos, tirando a bajo todas mis barreras y abriendo de par en par mi corazón de nuevo, para volver a dejarme llevar sin poder resistir esa atracción, como si fuera el canto de una sirena.
Pero a la vez también recuerdo el agonizante final y eso dudo que el tiempo me lo haga olvidar.
Recuerdo como desperté. Ahora recuerdo como los dioses me sonrieron y volví a la vida. Permanecí inmóvil al abrir los ojos, no sabía donde estaba. Solo rocas alrededor mío. El interior de una fría cueva, una alfombra de húmedas hojas debajo y las brasas de un fuego apagado me hacían pensar en el tiempo que podía llevar ahí. Solo. Una vez más Ginna había desaparecido. No era la primera vez pero temía que fuese la última. Creía en ella, en que volvería. Ella sabía que le necesitaba más que nunca. Le esperé. No tenía otra opción pues mi cuerpo estaba plagado de heridas, recuerdos de la última batalla. El fuerte olor de la sangre seca penetraba en mi mente provocándome arcadas que me atragantaban. No era consciente del todo y menos del estado de ese cuerpo inerte que tenía pegado a la cabeza, pues no sentía que en esos momentos me pertenecía. No sabía si había perdido algún miembro en al última batalla, ni tan solo me atrevía a mirar por miedo a lo que viese. No podía hacer gran cosa. Cerré los ojos y le esperé hasta caer profundamente dormido.
Sentí una presencia, abrí los ojos y no era ella. Ginna no apareció y al volver a despertar, entendí que no vendría más. Me había dejado a mi suerte. El fuego ya no tenía brasa, estaba completamente apagado, desde hacia tal vez días. Me había dejado morir desangrado o a manos de cualquier depredador que se acercase atraído por el olor de mi sangre sin importarle, como ese lobo de espesa melena gris que permanecía en la entrada de la cueva esperando su festín. Siempre hay algún carroñero a la espera de las presas fáciles y yo en esos momentos lo era. Estaba atrapado en esa cueva, mi refugio era mi propia trampa y esta mi tumba. Debía salir de ahí con urgencia pero esa bestia cubría inmóvil la salida.
El animal se acerca olfateando el aire, con los ojos ensangrentados, la boca jadeante cubierta de gelatinosas babas blancas. Empiezo a reaccionar tímidamente a pesar del dolor. Un hormigueo se convierte en calambre cuando intento levantar, no puedo mover las piernas. Tumbado boca a bajo miro la hoguera, escojo sin moverme una de las piedras, ni la más grande ni la más pequeña, del tamaño de mi puño. Mi brazo derecho funciona aun y me permite cogerla y descargarla con fuerza contra él como un fuerte puñetazo en su hocico. La bestia sale sobresaltada de la cueva, pero no se va. Sigue esperándome fuera, quizás ese lobo espera a sus compañeros y aquí estoy encerrado.
Arrastrándome como puedo, voy saliendo de la húmeda cueva, sintiendo como las piedras rascan mi cuerpo, abriendo mis heridas a medida que avanzo lentamente, pasando del frío de su interior al grato recibimiento, de los rayos de sol de mediodía que calientan mi cuerpo, animándome a seguir. Al salir me doy cuenta que paradógicamente estaba en el mismo pozo del que una vez le ayudé a salir a ella.
Mis piernas siguen bloqueadas, pero no veo heridas tan profundas en ellas que me hagan creer que las perderé. Tan solo están dormidas por todo el tiempo que debo llevar ahí dentro y por una soga que las mantenía fuertemente atadas. Vuelvo a pensar en Ginna. Seguramente fue ella la que me ató. Aun no entiendo el porqué, hasta que miro el trozo de la curtida piel donde guardaba mi mapa. Ya no está ahí. Desde el principio temía que pasaría por eso rompí una parte del mapa, a pesar de que creía en ella.
Todas mis ilusiones esfumadas en tan solo unos segundos, todo mi esfuerzo en vano. Algunas veces es tan doloroso levantar y a la vez es la única solución posible pues si no levantas mueres. Empuño mi astillada espada, suelto las cuerdas y trato de levantar usando su vaina a modo de bastón. Deseo tenerla cerca cuando alguno de los lobos intente algo. Espero que los crueles dioses cuenten los muertos antes de que termine cayendo yo. Más lobos van llegando. Mis piernas movidas por el miedo y la rabia empiezan a reaccionar. Por cada paso que avanzo, ellos retroceden uno, nuestras miradas se cruzan una y otra vez manteniendo las distancias. Somos animales, todos salvajes. Ellos si saben que no estoy para juegos. No hay nada más peligroso que un animal herido. Ellos lo saben, no arriesgarán, no se la jugarán tontamente y yo me lo volveré a pensar muy bien antes de jugármela por otra mujer.
Siento que mi interior se ha cerrado de nuevo, esta vez con más fuerza, herméticamente como las cámaras acorazadas del inexpugnable tesoro, sin darle tiempo a sacar lo que llevaba dentro, rabia, dolor. Ahí se quedo, como un eco repitiendo una y otra vez un sin fin de instantes que me marcarán durante algún tiempo, hasta que éste lo cure todo. Solo puedo caminar con la cabeza alta por todo lo di, por todo lo que arriesgué, seguir mi camino en busca de ese tesoro a pesar de saber que no encontraré con tanta facilidad las señales de ese putrefacto mapa. Un mapa que ya no necesito, pues lo guardo grabado por completo en mi mente.
Otra vez en esta asquerosa taberna. Otra vez recordando, tratando de olvidar a base del vino amargo, de charlas intensas y de compañía barata. Olvidar lo mismo que vine a buscar. Quiero ponerle fin y el final parece que no llega. Vuelvo a sentarme en la zona más oscura, la misma mesa donde la vi por primera vez, la misma carcomida silla donde compre el plano de ese tesoro, el mismo ambiente de perversión mezclado con el dulzón aroma del licor que sirve el gordo tabernero. Prácticamente curado, tan solo quedan cicatrices por mi cuerpo que me obligan a recordar mi pasado. La suciedad se pega en mi piel haciendome pasar una vez más inadvertido. Solo esperando sin saber que es lo que espero.
Tal vez busco volver a cruzar mi mirada con ella y penetrar hasta su interior para obtener respuestas a mis preguntas. En la mia si busca ya no encontrará rencor, ni venganza, pero si una lamentable decepción. Llegué a creer en ella como nunca había imaginado que consiguiría hacerlo en nadie y aun hoy no entiendo porque sucedió así, pues no me dio motivos para hacerlo sino todo lo contrario y aun así siempre creí que era ella la persona que buscaba. Estaba totalmente equivocado. La necesitaba, si, pero solo para aprender, para no volver a cometer errores. Para pagar los míos. Como una vela me voy consumiendo poco a poco hasta volver a quedar dormido.
El vino debió ser la chispa que necesitaba para enfurecerme. Despierto con rabia, con un odio que sale de lo más profundo de mi pecho, desde mi interior como mi mal aliento, otorgándome una salvaje y desproporcionada fuerza. Odio esta taberna y a toda su gente. Creen que todos somos iguales. Me levanto y cargo contra todo. Solo deseo volver a las andadas, traspasar de nuevo la barrera entre el bien y el mal, la crueldad de mi mirada, mi sonrisa irónica y mi orgullo resplandeciente, tanto como las llamas que saldrán de esta asquerosa taberna cuando termine con ella. Os odio a todos. A esos que sin mirar atrás jugais con los sentimientos de la gente, me odio a mi mismo por haberlo hecho en su día, a los que juzgan sin conocer, a los que tratan de encasillarme creyendo que somos todos iguales, a los que juegan como magos con las ilusiones ajenas. Y hoy pido a los dioses fuerza, jurándoles una cruel venganza mirando al cielo. Un cielo que me cae encima de los hombros como una pesada losa, ese cielo que se ha vuelto gris y oscuro, de tormenta, sin color como mi vida porque tu te lo has quedado.
Alzando mi mirada al infinito la veo, luna llena partida en dos, cortada por espesas y oscuras nubes como las gargantas que voy abandonando en el interior. Sus ahogados gritos me recuerdan al primer cordero que degollé siendo niño. Obligado bebí su sangre caliente, repleta de grumos del tamaño de una oliva y con un fuerte sabor a hierro que tardé días en olvidar. El tiempo lo cura todo. Salí bajo la lluvia ácida empapándome en el calor de la noche, el calor de las llamas que ha provocado mi ira, incinerando a los muertos que he dejado en el interior de la taberna. Veo sin compasión como algunos cuerpos se retuercen y gimen agonizando aun con los últimos restos de vida. Dudo que alguien lamente las perdidas. Salí loco, imparable, descargando toda mi rabia en un sonoro grito, abriendo mi boca con tanta fuerza que sentí como se desgarran mis labios, así como han desgarrado mi alma y mientras las lagrimas de la impotencia salen de las cuencas de mis ojos, hundiré los dedos en ellos con tanta rabia y tantas ganas de arrancármelos para no ver este oscuro mundo que brotarán gotas de sangre deslizándose por mis mejillas a modo de pintura de guerra.
Ya siento el fuego a mi espalda y a pesar del calor me noto frío por dentro. El repugnante olor a vómitos alcoholizados que se repartían por todo el crujiente suelo de podrida madera, me hizo pensar que ardería con demasiada facilidad y no me equivoqué. Mi cuerpo una vez más cubierto de sangre, pero hoy no es la mía. Los instantes de rabia dan paso a un bombardeo constante de recuerdos que trato también de quemar. Recuerdos de Ginna, del tesoro, de la primera vez, del pantano, de la playa y de la taberna donde la conocí. Necesitaba cerrar la última página del libro para poder empezar de cero.
Ha llegado el final, ese que nunca escogí desde el principio pero un final al fin y al cabo. De la rabia paso a la desesperación, al hundimiento. Pierdo la fuerza y caigo de rodillas una vez más en mi vida, mientras las ardientes llamas alumbran el callejón creando fantasmales sombras. Mis lágrimas, mezcladas con la sangre de mis ojos caen a borbotones contra el suelo. Casi ni veo. Lloro como un niño, no puedo parar. Trato de levantarme, mis manos entran en contacto con el barro producido por la lluvia, se hunden lentamente en él. Siento el frío en mis manos, el mismo que hace unos segundos tenía mi mirada cuando sostenía la espada arremetiendo contra todo lo que se movía, prendiendo fuego a ese asqueroso antro. El mismo frío que desde hacía días mantenía helado mi interior. Me levanto y empiezo a caminar una vez más sin rumbo. Ahora estoy tranquilo, inspiro profundamente, todo ha terminado me digo a mi mismo tratando de convencerme. Tras un profundo suspiro me resigno, sé que ha llegado el final. Una extraña mueca se empieza a dibujar en mi cara, una sarcástica sonrisa. Suelto una descontrolada carcajada, mientras me alejo de ese infectado lugar. Trataré de conseguir ese tesoro, de cruzarme con la Dama Blanca. Ya he dejado de buscarla...
De nuevo, caminando solo y muy cansado, pienso que esta vez me deberá encontrar ella. El destino volverá a ser mi guía, el mismo que me trajo hasta aquí. Parto otra vez desde el principio, sólo he perdido tiempo, lo que más valoro.

Dejé algo para ti en mi blog.
ResponderEliminarCuando puedas, pasa a recogerlo.
Mil besos y Feliz Año 2009.
como te dije en su dia..... cuanto mas buscas algo.... mas tardas en encontrarlo...tu dama blanca vendra cuando menos te lo esperes bss
ResponderEliminarhola...
ResponderEliminarQue tal?
bueno nose que hago tan noche,
solo queria saludar.
Atte. Samantha
P.s.
Lindo blog,
te ha llevbado algo de dedicasion...
Cuanta rabia y cuantas verdades echadas en cara... Dicen q el tiempo lo cura todo, yo creo q sencillamente te ayudan a olvidar... a olvidar y a perdonar.
ResponderEliminarAhora mismo me siento como cuando era pequeña y me quedaban solo unas pocas páginas para terminar un libro, uno de esos q te fascina... q te tiene cautivada... Recuerdo q las dos últimas páginas siempre las leía con el libro del revés... queriendo así vencer al tiempo... Llámame ingenua.. ¿q se habrá hecho de esa inocencia? quien sabe...
Un beso, querido guerrero, y felicidades nuevamente... es asombroso lo bien q escribes.
PS: espero verte el sábado...
:(
ResponderEliminarnecesitamos q continues escribiendo... necesitamos poderte leer mas, es brutal como escribes! no nos dejes así
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