SOL y EDAD - (capítulo 10)



"Hay veces que sientes la necesitad de hundirte en lo más profundo del pozo, revolcarte en la más agónica miseria, para terminar dándote cuenta que la única vía de salida esta hacia arriba y no te queda otra alternativa que levantarte. Es en ese punto, el limite, cuando coges fuerzas y aun no viendo la salida, empiezas a escalar, deseando escapar lo antes posible. Buscar la luz. La edad me ha demostrado, que de permanecer ahí, lo único que consigues es perder tu tiempo, dejando de disfrutar la vida... y yo solo tengo esta."


He caído en los pozos más profundos y oscuros, muchas de esas veces creyendo que no tenía escapatoria, pero siempre he conseguido salir. No sirve de mucho que traten de ayudarte, debes hacer tu solo el mayor esfuerzo, sino no terminas de salir nunca.
Lo peor de los pozos es que al estar dentro no llegas a saber su profundidad. En ocasiones buscas la luz, haces todo el esfuerzo que puedes para salir y cuando crees que estas fuera, te das cuenta que sólo estas a mitad de camino. Con suerte puedes parar y recobrar energías que te permitan conseguir salir del todo, otras veces la Diosa fortuna te da la espalda. Es entonces cuando la debilidad te abraza, haciendo que pierdas el equilibrio y tirándote de nuevo hacia el interior. Después de una nueva caída, la salida se ve más lejana.

Oigo las sirenas avisando de un nuevo bombardeo y sin tiempo a reaccionar, empiezan a caer frases por mi mente, una tras otra sin parar. Necesito plasmarlo todo o no lo recordaré. Tengo mala memoria, lo admito y tengo tantas ideas que no doy a basto. Prácticamente estoy bloqueado! no tengo tiempo, aparecen y desaparecen frases por mi cabeza, necesito encontrar una solución. Una semana sin apenas dormir, las ideas bombardean constantemente mi mente, necesitan salir de ahí, funcionan a una velocidad mucho más alta de lo que mis manos pueden llegar a escribir y aun así, cuando trato de parar, de descansar, ellas inagotables continúan...

Ha vuelto a mi la inspiración, una vez más la trae el dolor cogida de la mano, han vuelto las ganas de encerrarme en mi mundo y disfrutar de él. Disfrutar de mi soledad. De la soledad que me ofrece este pozo. Un mundo que no me importa compartir. Vuelvo como una maquina a estar en "stand by" no siento ni bueno, ni malo y eso es precisamente lo malo. No sentir. Continuar en ese extraño modo de espera, sin llegar a esperar nada. Sólo un cambio de estado.

Mi experiencia, pues ya tengo una cierta edad, no ha hecho que cada vez tarde menos tiempo en escapar de ellos, cada uno es distinto, cada uno con sus propias dificultades, con sus propios retos. Pero todos con la misma salida y en eso la experiencia si que ayuda, sé que todos la tienen. La luz, una vez más, ha sido mi guía.

Una vez fuera, la Soledad ha sido la perfecta maestra. Me enseñó y acompañó en ese duro camino. Me mostró alguno de mis errores y sólo tuve que aprender de ellos, si quería mejorar, para no caer en el mismo pozo. Posiblemente caiga en otros, soy humano, asumo que me equivocaré cientos de veces, pero debo evitar a toda costa caer una y otra vez en los mismos.

Las primeras sensaciones, cuando logras salir, son de temor a volver a caer. Te apartas rápidamente de esos pozos y de todo lo que te hizo caer. Pierdes la fe. Piensas que tardar tiempo en volver a confiar, será lo mejor. Meditas en volver a arriesgar por miedo al sufrimiento. Pero al final, terminas cediendo. Pues la única forma de vencer el miedo es enfrentándote a él.

Todo vuelve a aparecer, era cuestión de tiempo y fui paciente. El esfuerzo por salir, una vez más mereció la pena. La ilusión me hace sentir vivo, fuerte, hace que no solo físicamente me vuelva más activo, sino que mi mente continúe sin dejar de trabajar. Necesitaba un objetivo en el que volcarme, lo sabía desde que me vi inmerso en ese pozo, sabía como salir, así que no perdí la fe.

Soy un guerrero y necesito luchar. Cierro los ojos y te puedo ver. Te siento tan cerca... sin saber aun donde estas... pero sé que estas y sin saber porqué, ni tener motivos, gracias a ti vuelvo a creer... a pesar de que quizás, me vuelva a equivocar y tampoco seas TU.

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"Caminó sin pensar en los peligros del camino, adentrándose de noche en la espesura del bosque, sólo recordando todo lo que había sucedido en ese tiempo. Mirando hacia un punto en el horizonte, con la vista en blanco, la mente en otro lugar, sin llegar a ver nada. Su mirada continuaba tan fría como la noche. Paso a paso, sin detenerse. Dejando atrás las llamas de la taberna, quemando lentamente su reciente pasado, sin dejar más huella en él que sus cicatrices.

Esa aventura le proporcionó experiencia, encerrarse en ella era una perdida de tiempo, el pasado sólo sirve para aprender. Tenía muchas más aventuras que vivir. Necesitaba salir de ahí, alejarse de ese lugar y sin saber aun donde ir, confiaba que fuese el destino quien le guiase. Nada le detendría, sabía desde hacía tiempo que es lo que quería y mientras lo pensaba se erguía poco a poco. Tenía el mapa grabado en su mente.

Era un guerrero y ahora tenía un motivo para luchar. Sus dioses no le permitían caer. Soñaba con su futuro. Seguía imaginando mientras, el sonido de sus pasos retumbaba en medio del silencio de la espesura del bosque. Vivía de ilusiones, de mapas de tesoros que conseguir. Cada vez su cabeza más alta, sus espalda más recta, pasos más rápidos, pisando fuerte.

Sentía que, lentamente, recobraba la fuerza. Sólo el sonido de su rápida respiración seguía el marcado ritmo de su caminar. Con la mirada puesta en un punto fijo del horizonte, sólo sabía ir hacia delante. Un cuerdo en un loco mundo que ahora, de nuevo le sonreía... debía esperar su oportunidad, sin detenerse. Forjando su presente en el ardiente fuego de su pasado, forjándolo como su espada, a golpes del anhelado futuro.

Pensaba en encontrar el tesoro solo. Cansado de intentarlo con esas mujeres que sólo le habían retrasado o traído problemas. No conseguía entender nada, tenía tanto para dar... el tesoro era tan grande que lo podía compartir sin problemas. Pero siempre surgía el egoísmo, la avaricia y la traición, que terminaban por impedirle conseguirlo.


. . . . . . . . . . . . . . . .


Escogí el camino de luchar, el tiempo, con sus duras pruebas, me formó como un guerrero. Quise decidir mi vida y pese a eso, siempre tuve la sensación de que el destino estaba escrito ya. Algo me hacía creer en la magia, cargado de amuletos y demás objetos que harían mi vida más fácil o más difícil. Fue Ginna la que visitó a la bruja que predijo mi amarre. Ella me lo explicó. Alguien me tenía amarrado, debía soltarme y mi única opción era luchar contra él. Bromeando le dije que era ella la que lo hizo. Hoy ya no creo que solamente fuese una broma. Me doy cuenta que algo sobrenatural me tenía atado a esa chica. Por más cosas que viese negativas, no podía frenar mis impulsos hacia ella. Necesitaba soltarme, luchar contra esas cadenas que me encerraban y al final, creo que lo conseguí.


Siguiendo las pistas de ese mapa llegué a una pequeña ciudad. Lo hice acompañado de mi perra, mi fiel amiga. Siempre me seguía los pasos, fuese a donde fuese, sin importarle el duro castigo de temporales, ni peligrosos caminos... ella siempre estaba ahí. Moviendo enérgicamente su cola de lado a lado, como un castigador látigo, dando pequeños saltos, mirando atenta cada uno de mis gestos, esperando juego o cualquier signo de atención por mi parte. Siempre pendiente de mi. Yo siempre pendiente de ella. Nuestro vinculo, desde que tenia dos meses de vida, fue tan fuerte que nos volvimos inseparables. Nos entendíamos a la perfección, sin hablar el mismo idioma.

Ladra, así le llamé, pues al principió creía que era muda esa perra y no paraba de repetírselo, hasta que un día conseguí su primer ladrido. Lo hizo sentada, mirándome extrañada, intentando complacerme dando un pequeño y gracioso salto, sobre sus patas delanteras y soltando un potente Buf! que no parecía salido de ese pequeño cuerpo. Le asustó incluso a ella misma. Después de ese vinieron los siguientes, con más soltura. Pero en realidad, era una perra silenciosa.

Ella sabía exactamente como llamar mi atención. A veces, cuando estaba entretenido afilando mi espada, se acercaba y me daba golpecitos con sus patas, para que le prestará cualquier tipo de atención. Otras, se sentaba a mi lado y empezaba a temblar, como tratándome de explicar que le pasaba algo. Le abrazaba con fuerza, le daba el calor de mi aliento y se le pasaba. Era el animal más cariñoso que había conocido nunca. Al abrazarle fuertemente, le sentía parte de mí. Algo mío, a pesar de su libertad. Yo algo suyo a pesar de mi independencia. Los dos lo sentíamos y seguiría siendo así hasta el final, sin dudas. Hechos el uno para el otro.

Junto a la pequeña ciudad, había un puerto lleno de navíos. Distinguí por sus banderas que, la gran mayoría, eran embarcaciones de comerciantes de otros lugares. Nada más cruzar las murallas de esa ciudad, me topé con un enorme mercado, donde todo el mundo parecía vender algo, cualquier cosa. Daban la impresión de estar vendiéndose a ellos mismos, en lugar de sus artesanos productos. Podía encontrar las túnicas más vistosas, frutas exóticas y de la tierra, cuencos de cerámica de todas las medidas, de todo tipo, vasijas metálicas, espadas, escudos, cuchillos... prácticamente cualquier objeto que se pudiese vender estaba ahí, expuesto para los compradores compulsivos que buscan la mejor oportunidad.

Tanto bullicio de gente empezó a marearme, no sabía cuanto tiempo llevaba andando ni donde estaría la siguiente pista del mapa. Perdido, aturdido y cansado, me dirigí hacia una bella fuente, tallada en mármol, donde un chorro de agua, caía a modo de cascada hacía un pequeño embalse, cercado con esa misma piedra. Un pequeño letrero de metal rezaba:

"quien bebe de la fuente de la vida, se llena de ella"


Ladra, me adelantó moviendo la cola enérgicamente al ver el agua, estaba sedienta. Yo le seguí, me agaché y hundí mi cabeza entera, apoyando el resto de mi cuerpo en el pequeño cerco de mármol que rodeaba el embalse, donde los habitantes más ancianos permanecían sentados, hablando entre ellos y mirándonos extrañados.

Seguí de rodillas, volví a meter la cabeza en el agua, absorbiendo un gran trago para volverlo a sacar después.

El anciano que tenía más cerca me preguntó.
- es tuyo ese animal? - mirando a Ladra, con una asquerosa mueca en su cara.

Respiré profundamente.
- los animales no deberían beber de la fuente de la vida. - prosiguió el viejo, sin cambiar la cara.

- si yo bebo, ella bebe. - Le contesté rotundamente, a la vez que le miraba duramente, de una forma amenazante.

Llevaba muchos días de recorrido, muchas batallas, demasiadas heridas para tener que aguantar a viejos campesinos insolentes.

-Además no es un animal cualquiera- continué, tratando de suavizar la situación, ya que acababa de llegar a esa ciudad y no sabría cuantos días me debería quedar. -pese a su libertad, sigue conmigo desde pequeña.

- Algún día se irá! - El nuevo sabio habló, otro anciano que estaba a su lado, volviendo a romper el precioso silencio que las miradas habían creado. ¿que sabría él? ¿acaso era adivino?

-...ella nunca me abandonaría...- Era mi última contestación, mi paciencia después de todo lo sucedido estaba muy limitada. Mi mano, ya se apoyaba en la empuñadura de mi espada, sintiendo el peso de esta en mi cintura. Hacía varios días que no hablaba con nadie. Un capricho. Pero nunca dije que no fuese caprichoso y eso precisamente era lo que quería en ese momento, tranquilidad. Si no me la ofrecían, la conseguiría por mi mismo.

De repente sonó una voz a mi espalda, no era la voz de un anciano, sino la de una mujer.

-...ni ella ni otras... - Parecía el primer apoyo que tenía, por parte de alguien, después de mucho tiempo. ¿Una desconocida me ayudaba? Algo se me pasó por la cabeza en ese mismo momento e impidió que me girase a mirarle. Pero le vi.

Miré en el reflejo del agua y ahí estaba ella. Vestida con túnicas de color blanco y pequeños adornos plateados, formando una extraña cenefa en los bordes de éstas. Una joven de figura esbelta, alta, delgada y muy femenina. Desbordaba sensualidad por todos sus poros. Sus manos finas, de largos y delgados dedos adornados con grandes anillos, terminaban en unas uñas pintadas en un oscuro color. Esas manos y su figura, me hacían pensar que no era ni una campesina ni una comerciante del lugar.

Su cabello dorado como el maíz, se mecía con el viento, suelto, libre y liso. Sin ningún tipo de recogido. Su mirada era penetrante. Grandes ojos rasgados, del color de la noche. Ojos brillantes que por un momento, parecían pedirme ayuda.

La nariz juguetona y pequeña contrastaba con sus gruesos y sensuales labios. Al repetir la frase, los vi en movimiento y me quedé hipnotizado por esa boca. Ni siquiera recuerdo que fue lo que le contesté. Tan sólo que no pude apartar la mirada, de su reflejo en el agua, durante un buen rato. No la podía apartar de sus labios mientras me hablaba, despertándose lentamente el deseo que desde hacía días, dormía profundamente en mi interior.

La cara de esa joven parecía triste, hasta que su fina piel se estiró, formando una amplia y bella sonrisa, provocada por mis indirectas miradas. Su tez, blanca como sus túnicas, empezó a sonrojarse a la vez que bajaba lentamente esa profunda y limpia mirada, demostrando algo de timidez.

Continué repasándola, de arriba a abajo, tratando de desnudarle con mi mirada a través del agua de la fuente. Una cara exótica, que me hacía pensar que provenía del noroeste. De las tierras frías y heladas que visité hace algún tiempo. Aunque esa mujer no me despertaba frialdad, sino todo lo contrario, una calidéz extrema que recorría mi cuerpo, provocando en mi escalofríos que recorrían mi espalda.

No sé cuanto tiempo hablé con ella. Sólo recuerdo que le vi marchar y no pude reaccionar hasta que no pasó un rato.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


- ¿Tendero la has visto? - le preguntó el salvaje al comerciante que había estado más cercano a la chica. Este levantó la vista y le miró, sin llegar a decir nada. LeGNa, siguió con su particular interrogatorio. Necesitaba contestaciones rápido o no podría perseguir a esa joven.

- ¿has visto a esa mujer detrás mío? ¿has oído lo que ha dicho o es que estoy soñando de nuevo?

- Olvídate amigo!!! Esa mujer es una Dama... - Le dijo el tendero riendose, tratando de seguir cortando y decorando las piezas de fruta y flores que adornaban su parara.

- amigo? yo no soy tu amigo... esa palabra tiene más peso que mi espada- Respondió el guerrero, con el ceño fruncido y significativos gestos de desaprobación hacía el tendero, sujetando de nuevo la empuñadura de su espada, sin llegar a sacarla, advirtiéndole así que su insolencia le había molestado y eso no era algo bueno.

El tendero enmudeció de golpe pero rápido, ese silencio se rompió.

- Apuntas demasiado alto bárbaro.... - Escupió la gorda y grasienta mujer que salía tras la cortina, con un manchado vestido de sudor, comida y a saber que más. Portando un cuenco de algo caliente en sus anchas y grandes manos. No hacían buena pareja. Dudo que lo fuesen y aun así, soltaron una fuerte carcajada los dos a la vez, muy compenetrados.

Por un momento pasaron, por la cabeza del bárbaro, las 7 primeras formas de cerrar la boca a ese par de insolentes. A cada cual más cruda, más salvaje, más retorcida y cruel, pero permaneció quieto, mirándolos fijamente, mientras escogía cual de esas formas sería la que utilizaría esa mañana...

La pareja dejó de golpe de reír, como si estuviesen leyendo su pensamiento. Así, para no provocar más la cólera del extranjero, trataron de complacer al bárbaro y los dos empezaron a contar una historia, interrumpiéndose mutuamente a cada frase.

- Llego con el frío... - Empezó el tendero.

- con la Blanca nieve... - soltó su mujer...

"... hace mucho tiempo, no se sabe muy bien como, una adinerada familia llego a nuestro pueblo... se ubicaron en las montañas, compraron grandes tierras... con ellos llego su hija, esa joven... como se llamaba? preguntó el tendero a la gruesa mujer.

- Blanca - Respondió la cotilla, que parecía saberlo todo. - Se llama Blanca, como la nieve.

La cara del guerrero cambió de repente, ahora era el él que se reía con una burlona sonrisa, pensando por dentro que la Diosa Fortuna le volvía a sonreir. Y sin despedirse de los amables tenderos, se dio media vuelta y trató de ir en la misma dirección que había visto seguía la chica.

Mientras caminaba, en su mente golpeaban miles de preguntas. ¿Una Dama de nombre Blanca?
¿La Dama, Blanca? ¿por eso hizo esa pausa entre Dama y Blanca?¿Era eso lo que me quiso decir la hechicera o solo se ahogaba a cada palabra que pronunciaba?¿se refería a La Dama de nombre Blanca? ¿será ella?¿Por que no me habré girado? ¿porq no le pregunté su nombre? ¿porque dijo que ella no me abandonaría? ¿se refería a ella misma?¿porqué nunca pensé en el nombre de Blanca?

Le había perdido la pista entre el gentío. Empezó a preguntar ,pero nadie había visto nada, ni siquiera nadie parecía conocerle. Esa Dama se había vuelto misteriosa de repente.
Continuó caminando, cada vez más deprisa, entre tenderetes, apartando carros del medio, objetos que entorpecían su paso, apartando a empujones gente caminando lentamente como muertos en vida, mirando los artículos en venta.... hasta que al final creyó volverla a ver.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Esa noche le sintió más cerca que nunca. Tumbados sobre pieles esponjosas, junto a una chimenea de ardiente fuego. Pegados, desnudos, abrazados, susurrándole tiernas palabras, acercando dulcemente sus dedos a la boca de esa misteriosa mujer. Mirándole a los ojos, sonriéndose mutuamente. Dejándose llevar. Sintiendo esos gorditos labios como se abrían lentamente, ofreciéndoselos ella con gestos de deseo a los suyos, a la vez que cerraba despacio los ojos, dejando caer su mirada con una ternura inimaginable. Algo extraño recorria su interior. Su piel se erizaba con cada caricia, a pesar del calor que desprendía la hoguera, junto a la que se quedaron abrazados y dormidos. El contraste de una fría noche con el calor de su piel pegada a esa Dama... Blanca.

Pero alguien apago la hoguera y sólo un fino humo salía de las brasas, creando fantasmagóricas formas. Llegó el terror disfrazado con la mascara del misterio, de las dudas y el miedo.
Empieza a hacer frío en la estancia y en su respiración se produce el cambio. El caliente aliento convertido ahora en una húmeda nube de vapor con cada espiración, salía lentamente de su boca...
despierta del sueño...
se siente solo....
ella ha desaparecido de nuevo....
esa Dama Blanca le volvió a dejar.....
tan sólo antes de irse...
le dejo como ofrenda...
el dulce sabor de sus carnosos y suaves labios....
en forma de tierno beso....
y tras una caricia, un tenue susurro....
dándole al dormido guerrero....
las buenas noches....
y deseándole....
DULCES SUEÑOS!

y así pasó, todo fue un sueño, una ilusión, una mezcla de sensaciones, de lo que pudo haber sido pero no fue y sin embargo parecía tan real...

Un dulce sueño, que se convirtió en una retorcida pesadilla más, de la que se despertó de nuevo solo, con los primeros rayos de sol, que se filtraban por la extraña fuente de la vida, golpeando en su cara y recibiendo así un temprano amanecer. Demasiado pronto, el mercado permanecía vacío aun.

Por lo visto se debió quedar dormido al beber de esa transparente agua. Sentía un vacío en su interior. Como el que le qauedaba cuando soñaba que conseguía un preciado tesoro y se despertaba dándose cuenta, que todo había sido un sueño, que tenía que seguir luchando para subsistir.

Ese vacío, de nuevo y esta vez sin tesoros tampoco. Pensativo. Cada día, es un día diferente.

Se levantó del suelo, estirando como un felino todos sus músculos mientras bostezaba con fuerza y emitía un extraño gemido. Recibiendo el sol en plena cara, calentándole y alentándole a proseguir su camino.

Paró en una posada a comer. Tratando de llenar ese vacío que sentía también en su hambriento estomago. Ahí fue donde volvió a oír a hablar de ella, no de la mujer de ese sueño, sino de la guerrera. Por primera vez, desde que tomaron caminos distintos, desde que le dejó tirado a su suerte en esa profunda cueva, supo algo más.

-Una preciosa guerrera que se mueve como una pantera...
-va acompañada de un hombre con acento extranjero...
-se les oyó, hablar de buscar un tesoro entre susurros...

Rápidamente el bárbaro volvió a pensar en ella. Ginna. Ella acompañada de un tipo... ¿quien sería esta vez?Le seguían los pasos de cerca. Seguramente guiandose por las marcas del mapa, las mismas que le habían conducido a él hasta ese lugar. Sólo pensó en esquivarlos, el tiempo que fuese posible, aun sabiendo que tarde o temprano se volverían a cruzar.

Recordando de nuevo su promesa... " le arrancaré el corazón con mis propias manos" sabiendo que no sería algo inmediato.


3 comentarios:

  1. Ginna no está buscando el tesoro con ningún tipo! :(

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  2. ME ha encantado...
    mi enorabuena..
    un saludo.

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  3. La dama blanca
    Fue una tarde nublada y tormentosa aquella en que fui a buscarla al acantilado. Me estaba llamando, lo sabía porque llevaba varias noches seguidas apareciendo en mis sueños. Podía haberla ignorado, pero tenía tantas ganas de verla como ella de verme a mí.
    Subí por la colina azotada por el viento, arropándome en mi chaqueta de lana y preparándome para lo que tuviese que pasar. La vi cuando estaba llegando casi a la cima, donde empezaba la caída en picado al mar. Una figura casi transparente, los cabellos ondeando a merced del viento, envuelta toda ella en brumas.
    Mi dama blanca, mi querido fantasma triste y sediento de venganza.
    Estaba de espaldas a mí, mirando al mar, y no se dio la vuelta cuando me puse junto a ella y observé el mar a mi vez. Pasamos unos minutos en silencio, la vida y la muerte, uno junto a la otra. No me miró cuando se decidió a hablar.
    - Ha pasado mucho tiempo, Legna – su voz era algo así como un susurro, un sonido que se escuchaba allí pero que no venía de donde estábamos. No se parecía mucho a la voz que yo conocía, se asemejaba más al gemido del viento en las rocas.
    - Hola, Ginna – dije yo.
    Hubo un ligero estremecimiento en sus hombros al oír su viejo nombre. Suspiró, como si le apenara apartar su vista del mar, y por fin se volvió a mirarme.
    La muerte, si acaso, la había vuelto aún más hermosa que cuando vivía.
    - Sabes por qué te he llamado. – No era una pregunta, ni siquiera una aclaración. Su voz era pura formalidad, la voz del que anuncia que va a cumplir su tarea, y advierte por no ser traidor.
    - Lo sé, te he visto en mis sueños y he oído tu voz que me llamaba.
    No supe qué más decir, no había palabras que mereciera la pena articular. No llegados a ese punto. Pero ella seguía mirándome en silencio, y yo deseaba acabar de una vez con toda aquella historia, así que proseguí.
    - Haz lo que debas, Ginna, y descansa en paz de una vez para que también yo pueda hacerlo.
    Ella sacudió la cabeza, sus cabellos meciéndose como una aureola blanca a su alrededor cuando se volvió de nuevo hacia el mar.
    - Debo hacerlo, ¿no es así? – susurró, más para ella que para mí, la duda resonando en cada sílaba – Es lo que llevo esperando tanto tiempo, debería empujarte por el acantilado, completar mi venganza e irme.
    Asentí lentamente, mirando aquellas rocas como dientes que se adivinaban bajo la creciente furia del mar que huele la tormenta en ciernes. Aquellas rocas que la habían transformado en ese espíritu lánguido.
    Aquellas rocas hacia las que yo le había empujado.
    - Lamento mucho todo esto, - dije, aún sabiendo que esas palabras suelen resultar absurdas cuando se pronuncian, cuando ya todo es irremediable salvo el sentimiento de culpabilidad. Sacudí de nuevo la cabeza. – No tenías que haberte suicidado por mí.
    Ella se volvió como una flecha, el asombro pintado en sus rasgos.
    - ¿ Crees que fue por ti? ¿ Que me maté por ti?
    La vehemencia de sus palabras me sorprendió un poco, pero ella levantó una mano, incitándome a guardar silencio.
    - No fue por ti, Legna. Nadie se lanza a la muerte por nadie. Lo hice por mí, por acabar con ese dolor insufrible que tenía metido en el corazón. Si te hubiera matado a ti, el dolor habría continuado torturándome. Lo hice por mí, porque tu traición no me dejo más opciones.
    Calló unos instantes, perdida en sus pensamientos. Quise lanzarme yo mismo a las rocas cuando esbozó una sonrisa a medias y me susurró:
    - ¿ Crees que ella también se tiraría al mar por ti?
    Negué con la cabeza, sonriendo a medias también al pensar en esa mujer, todo fuego y pasión, lanzándose a las rocas por mi causa.
    - No. Ella nunca haría eso, es demasiado orgullosa. Gritaría hasta quedarse ronca, me lanzaría uno o dos platos, y se marcharía como una tromba con nuestros hijos para no regresar jamás. Esperaría a que yo volviera junto a ella, suplicando. Pero no se lanzaría al mar por mí, ni por ella, ni por nadie.
    Ginna amplió su sonrisa, aunque era una sonrisa triste la suya. Durante una décima de segundo fue la Ginna que yo amé tanto, esa mujer dulce y serena que iluminaba mi vida con su simple existencia. No puede resistirme a decirlo.
    - Te amaba, ¿sabes?
    Creí ver un destello de lágrimas en sus ojos cuando me preguntó:
    - ¿ Y por qué me traicionaste? ¿ Por qué?
    No tuve que pensar demasiado en el asunto, en estos últimos años le había dado tantas vueltas que sabía muy bien el por qué.
    - No te traicioné. No la amaba a ella más que a ti. Os amaba a las dos por igual, a ti por tu serenidad, a ella por su pasión. Te amé más a ti porque con ella corría el riesgo de ser devorado por su fuego, a ella la amé precisamente porque ese fuego me hacía sentir vivo. Tú y ella erais los dos extremos, y yo estaba en el medio, sin saber qué lado escoger. – Paré un momento, el dolor de recordar esos tiempos me hacía difícil hablar, el nudo que se acababa de instalar en mi garganta impedía que las palabras pasaran.
    - Escogiste tú por mí, Ginna, dejándome y desapareciendo – articulé como pude, volviendo la cara para ocultar mi expresión.
    Unas manos que eran como la brisa me hicieron volver la cabeza, y sentí unos labios tenues, fríos y con sabor a azucar que se posaban sobre los míos, como una caricia.
    Cuando se apartó de mí, me tomó una mano.
    - No la traiciones, Legna. Abandónala, hazle daño si debes, pero no ese daño.
    Miré asombrado como su silueta comenzaba a disiparse en la niebla.
    - Ginna, no te vayas aún, tienes que empujarme, si no nunca serás libre.
    Rió ella, con suavidad.
    - ¿ Sabes? Es horrible ser una dama blanca. He pasado años aquí, en el punto donde acabó mi vida, esperando el día en que pudiera vengarme de ti, y vengándome por otras mujeres. He escuchado sus lamentos, he visto sus lágrimas, he empujado a la muerte a muchos hombres que engañaron a sus mujeres. Y no quiero hacerlo más, no quiero pasar por esto una y otra vez, porque nunca se acabará. Siempre habrá mujeres traicionadas, siempre habrá un culpable u otro. Y si te empujo por este acantilado, siempre estaré aquí. Quiero irme, Legna, hay más de un camino para alcanzar la libertad, y yo elijo éste. Sólo prométeme que nunca traicionarás a una mujer.
    Emocionado, me llevé esa mano transparente a los labios y la besé, musitando la promesa que se me pedía. Susurré su nombre entre lágrimas, como lo hice aquel día que me dejo y en el que rescataron su cuerpo destrozado de entre las rocas. Le deseé feliz viaje, y cuando quise darme cuenta, estaba aferrando el aire.
    Mi dama blanca se había ido.
    TQM

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