Pipip pi pipip pi pipip pi pipip pi pipip!
Reacciono. Estiro un brazo, sacándolo desde debajo del caliente edredón, sintiendo el frío en él. Sólo son segundos, hasta que consigo alcanzarlo con las puntas de los dedos. Creo que me he roto una uña parando ese despertador. Pero por fin puedo calmar esa tortura. Cinco minutos más, es lo único que pienso en estos momentos, con los ojos aun pegados.
Poco a poco voy despertando mis sentidos. Ese sonido lejano... si, creo que me resulta familiar. Sonrío mientras me doy otra confortable vuelta. Sé que él esta ahí y eso me tranquiliza. Ha llegado bien, ya esta en casa.
Oigo sus pasos por el largo pasillo y como abre la puerta. Se detiene. Seguramente ahora me estará mirando, sonriendo, siempre lo hace. La luz de fuera ilumina de una forma tenue la habitación. Puedo abrir los ojos sin que me moleste esa luz, pero los vuelvo a cerrar. Se acerca más y siento como aparta el despertador, como deja la bandeja, aun teniéndolo a mi espalda, aun con los ojos cerrados, pero es que es tan fácil sentirle.
Noto como la cama baja al sentarse junto a mi. Me inunda el rítmico sonido de una cucharilla dando vueltas en un vaso de cristal, lentamente, vuelta tras vuelta, con un suave tintineo. Ahora recuerdo el ruido de antes, la exprimidora. Nos la vendieron como silenciosa, no lo era tanto, aunque me alegra oírla cada mañana. Ese sonido hace q piense en él haciendo mi zumo. Me llega el olor a naranja recién exprimida mientras sigue moviendo el azucar.
Su mano alcanza mi cabeza. Siento como acaricia mi pelo. Me doy la vuelta sin abrir aun los ojos, quedando girada hacia él y buscando con mi cara su mano. Sé que continua mirándome. Puedo incluso ver el brillo de sus ojos, notar como con suavidad me va apartando los pelos de la cara a la vez que me los peina con sus dedos.
- Toma cielo... rápido q se escapan las vitaminas.
Me lo dice con suavidad y recuerdo el día que me lo explicó. Eso le decía su madre cuando era niño, estaba enfermo y le traía zumos naturales. Sonrío. No estoy enferma, ni soy una niña, pero hay cosas tan agradables q no deberíamos perder.
Abro los ojos y lo veo a contraluz. Su sombra cubre mi cara. Sonríe mientras me acerca el vaso, con el zumo y la cucharilla. Sigue con una mano en mi cara, acariciándome.
Me incorporo y doy el primer sorbo, muy largo. La mitad del zumo ha desaparecido en mi boca. Vuelvo a dejarme caer hacia la almohada. Saco lo brazos y los enrosco alrededor suyo mientras me coge, acercándome hacia él.
-Buenos días preciosa. - me dice sonriendo y besándome suavemente en la cara, durante ese tierno abrazo.
-Te deseo un Feliz Día. - y vuelve a besarme, esta vez acerco mis labios, saboreando ese frescor mentolado de su pasta de dientes en mi boca.
Sólo debe quedar un minuto para que vuelva a sonar. Desearía que fuese sábado para quedarme más rato en la cama, juntos, sin prisas... pero aun falta.
-Que día es hoy? - le pregunto mostrando mi dormida voz de recién levantada.
-Jueves...
Pipip pi pipip pi pipip pi pipip pi pipip pi pipip pi pipip pi pipip
Él no lo para. Despierto, alargo la mano y detengo el infernal ruido. No esta! ha sido sólo un sueño. Cinco minutos más pienso. Sonrío recordando la última vez que hable con ese chico raro. Nunca llegó a saber de que tenía miedo... ¿De sueños así?
-mira la hora... -me dice, mientras busco en su nota la hora.
-son las 7:20 - le contesto
-Hoy pasaré, como en el sueño, los 5 minutos más contigo.

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